Los aceites de cera dura ofrecen resistencia y tacto sedoso, mientras el aceite de linaza profundiza la veta con un brillo bajo. En zonas de alto tránsito, planifica un refresco ligero anual y una reposición más completa cada dos o tres años. Aspira con cepillo suave, limpia con jabón específico y seca sin frotar agresivamente. Un paño con aceite reaviva marcas puntuales. Este enfoque preventivo mantiene el suelo o el mueble con dignidad, sin capas plásticas que agrieten la superficie.
Prefiere selladores penetrantes que protegen desde dentro y conservan el aspecto mate, en lugar de películas brillantes que alteran el tono. Realiza una prueba de absorción con gotas de agua para entender el poro real de tu piedra. Limpia con pH neutro, evita ácidos en calizas, y reevalúa el sellado cada uno o dos años según uso. Así, manchas cotidianas no calan y la piedra mantiene su intercambio higrotérmico, regulando humedad ambiental y temperatura como un organismo mineral sabio.
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